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El momento que atraviesa Boliva es histórico, nunca antes un indio había ocupado la butaca presidencial ni el pueblo había podido sentarse con sus líderes democráticamente elegidos para poder discutir temas de competencia nacional de manera Asamblearia. El autodenominado proceso de cambio ha desatado una revolución identitaria sin precedentes. El pasado 22 de enero, día en el que Juan Evo Morales Ayma jura por segunda vez el cargo de Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, la ciudad de la Paz se vistió de colores y la gente se echó a la calle para corear la victoria de su hermano. Y yo me preguntaba, ¿en qué siente la gente este "proceso de cambio"? Una chola paceña bien extrovertida y elegantemente ataviada nos contaba:..."ahora puedo subirme al micro sin que me llamen india", "mis hijos pueden ir al colegio sin que los insulten". El pueblo boliviano después de siglo y medio de humillación como cantan los Kjarkas, puede cantar un grito de liberación. El Estado vuelve a hacerse dueño de sus recursos naturales y apuesta por recuperar la Bolivia originaria, aquella que se siente en los cerros y en la pachamama, aquella que considera que todos somos uno, que las acciones que realizamos individualmente repercuten indefectiblemente sobre la armonía del conjunto, se destila un nuevo concepto de desarrollo, el denominado Vivir Bien, no por poseer más o ver satisfechas las necesidades, sino por celebrar el encuentro de las culturas indígenas originarias en un marco de respeto, humanidad y dignidad, donde el disfrute de los bienes materiales se realice en armonía con la naturaleza en la que moran los seres humanos. Sin embargo el camino no es fácil, no es una línea recta entre dos puntos sino una curva con numeroso bucles. La economía sigue apoyándose fuertemente en el comercio independiente, que no genera impuestos y pone en peligro una emancipación futura digna, y en la exportación de bienes primarios no procesados de menor valor agregado. Es imposible encontrar un lugar para reciclar nuestros vidrios, plásticos y cartones. La vida de los campesinos indígenas se sigue caracterizando por un escueto acceso a servicios públicos, a una atención sanitaria de calidad y calidez con la que se sientan identificados, a una educación en conocimiento y para la vida, a una dieta diversa y rica en nutrientes, al bien más preciado Agua, ... Por tanto es el momento de aprovechar esta ola, esta marea de empoderamiento y energía renovada, pero también es tiempo de aterrizar todas las ideas y los proyectos de forma que mirando al horizonte esta ola no se quede sólo en espuma...